Seis por ciento :: 2

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Los nombres no son lo mío, ya sabes, sonríe A, yo me manejo mejor con cifras y balances. Pero creo recordar que es un material similar a la fibra de vidrio.
Ha tenido que costar un ojo de la cara, se interesa B.
En números redondos, calcula A, totocientosmil euritos.
B acaricia la superficie tersa y fría de la reproducción.
¿Totocientosmil?, silba B, pues sí que es barata. ¿No será espuma de poliuretano?
¡Poliuretano!, ¡eres más basto que el papel de lija!, exclama A y pone los ojos en blanco.
B da un paso atrás.
Joder, señor alcalde, con ese precio habrán pagado, justo, justo, el material; ¿con qué margen de beneficio trabaja ese estudio?
A toma dos de los cochecitos detenidos en la gran arteria que biseca el pueblo representado en la maqueta. Remeda unos malabares con las diminutas piezas mientras se aproxima a B. Cuando llega a su lado, enarbola una en cada mano.
En serio, A enarca las cejas, a ti, ¿qué te preocupa más?, ¿su margen de beneficio o el nuestro?
El nuestro, sin duda, B imposta la voz.
A da un último paso lateral para arrimarse al costado de B y, con un movimiento simultáneo de ambos brazos, introduce uno de los vehículos en uno de sus bolsillos y el otro, en un bolsillo de su compañero.
Más claro, agua, A cachetea el hombro de B, el seis por ciento, totocientosmil. Ahora dime que necesitas una calculadora para conocer el precio del juguete.
 

#Sergio Lozano Sangrador – slsangrador@gmail.com
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