Rescatando :: 0

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Unos pocos termos, algunos vasos, una bandeja con sobrecitos de azúcar y cucharillas. Una mesa de caoba y catorce sillas a juego, escoltadas por cartapacios de piel. En la pared junto a la puerta, el retrato de su majestad ataviado con el uniforme de capitán general de todos los ejércitos, escudriñando, en una quimérica línea del horizonte, la unidad de destino en lo universal. En paralelo a un ficus, una enseña nacional recién planchada. Un amplio ventanal sobre una avenida que cruzan viandantes apresurados y coches en estampida. Mañana de viernes, oscuros nubarrones, gotas sueltas en los vidrios.
Soraya consulta su reloj. Pasan veinte minutos de las nueve horas. Alza la vista y sus ojos se cruzan con los de Jorge. El resto, Alberto, las dos Anas, José Ignacio, Pedro, María Fátima…, hojean sus papeles o revuelven en sus carteras o singlan en sus ipads o, simplemente, pero con dignidad, esperan.
Soraya se levanta. Camina hasta el ujier de cámara que espera junto a la puerta y le indica que abandone la sala. A continuación, tranca la puerta y regresa a su asiento.
–Empezaremos sin El –formula con tono neutro, mientras recorre, uno a uno, los rostros de sus compañeros.
–Lo encuentro improcedente –afirma Cristóbal, poniendo los ojos en blanco.
–A mí tampoco me gusta la idea de empezar sin Mariano –Soraya levanta la voz–. Lo habrá retenido algún imprevisto…
–Seguro que la Merkel lo tiene al teléfono desde primera hora de la mañana, otra vez con la monserga del rescate –aventura Alberto en dirección al techo.
–Pero ya sabéis cómo es: seguro que prefiere que nos pongamos manos a la obra –hace una pequeña pausa, que aprovecha para reprender con la mirada a Alberto por haberle interrumpido–. Y eso es lo que vamos a hacer. Esa puerta sólo se abrirá –vuelve a impostar la voz–, y este Consejo sólo se detendrá, cuando comparezca Mariano. ¡Ea!, Asuntos Exteriores y Cooperación.

#Sergio Lozano Sangrador – slsangrador@gmail.com
 

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