Rescatando :: 2

3

De nuevo, unos nudillos repiquetean en la puerta.
–Soy Mariano. Abrid la puerta, por favor –ruega una voz grave, con un remoto, recóndito, insinuado acento gallego.
Todos callan. Los más miran sin disimulo a Soraya.
–Que enseñe la patita –plantea Alberto, apuntando con sus ojos al techo o al cielo por encima del techo o a la misma unidad de destino en lo universal en la que extravía su mirada el retrato de la pared.
Ahora sí, todos miran sin disimulo a Soraya. Y ella se concentra en la llave. Su mano repta sobre la mesa.
–Que enseñe la patita –Cristóbal se quita las gafas y las hace girar sujetas por una patilla–. Yo no abriría esa puerta hasta que no estemos seguros de que se trata del Presidente, y no de la Merkel o uno de sus testaferros.
–¡Enseña la patita para que comprobemos que eres quien dices ser!–claman, a coro, los trece ministros.
Al otro lado, un murmullo se bate en retirada con un contrapunto de pisadas enérgicas. Soraya suspira. Miguel masculla algo entre sueños. Alberto sonríe. Y Luis, tras aflojarse el nudo de la corbata azul con topos rojos, toma la palabra.
–Estos tecnócratas europeos son cada vez más insistentes. Si no andamos listos, llegará un día en el que ellos, y no nosotros, que somos los legítimos depositarios de la voluntad de todos los españoles, se sentarán en estas poltronas.
 

#Sergio Lozano Sangrador – slsangrador@gmail.com
 
Etiquetado , , ,