#Roberto Bolaño & A. G. Porta  ::  Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce

(…) Jamás debí amar ninguna estatua, ningún mito. Para qué coño servían, me pregunté mientras daba un mordisco a mi tostada; por ejemplo, ahora: tenía un montón de problemas y ellos no iban a solucionarme ninguno. (…)

#Roberto Bolaño & A. G. Porta :: Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984)

Confieso que no conozco la literatura de A. G. Porta. Por el contrario, he leído unos cuantos libros de Bolaño. Me gusta. Leo a Bolaño y puedo llegar a sentir piedad, ganas de protegerlo, de redimirlo de algo que está ahí, en lo que él ha escrito, y que nunca había llegado a saber concretar hasta leer esta primera novela que ambos autores escribieron a cuatro manos.
He leído por ahí que Bolaño fue un autor maldito –el último autor maldito–. No puedo estar de acuerdo. En mi opinión, sólo fue un escritor honesto. En el sentido de que se sabía permanentemente fuera de lugar, aunque en su obra no hay ninguna intención de disimularlo, ni asomo de poses o engaños. Sus personajes van por la vida encajando golpes, eso es lo que cuentan sus historias.
Lo que yo encuentro en sus escritos es la sensación, íntimamente ligada a mi juventud –incluso a mi adolescencia–, de ser capaz de enfrentarme al mundo y, al mismo tiempo, de estar desorientado, de avanzar a la deriva y, sobre todo, de percibirme indefenso y vulnerable.

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