#Roberto Bolaño :: El viejo de la montaña (El secreto del mal)

(…)Belano suele pensar que tras la alegría se esconde la nostalgia de su propia juventud, pero en realidad tras la alegría se esconde la ferocidad: un espacio reducido y oscuro en donde se mueven, pegadas e incluso sobreimpuestas, unas figuras borrosas y en permanente acción. Unas figuras que se alimentan de violencia, unas figuras que apenas gobiernan (o que gobiernan con una economía curiosísima) la violencia. La inquietud que el recuerdo de aquel día le provoca es, contra lo que dicta el sentido común, aérea. Y la alegría es subterránea, como un buque de perfecta geometría rectangular navegando por un surco.
A veces, Belano contempla el surco.
Se arquea, se agacha, su columna vertebral se cimbra como el tronco de un árbol en medio de una tormenta y contempla el surco: una huella profunda, limpia, que hiende una piel extraña cuya pura contemplación le produce náuseas.(…)

#Roberto Bolaño :: El viejo de la montaña (El secreto del mal – 2007)

Bolaño muere, antes de tiempo, si algo así es posible, en plena madurez, formularlo así es un mero tropo, la voz de Bolaño se apaga para siempre y nos deja, igual que un eco lejano, como vagos recuerdos perentorios de sueños que nos acompañan hasta la vigilia, un puñado de piezas y esbozos narrativos que han servido para la edición de varias obras póstumas. Este volumen de cuentos cortos pertenece a esta categoría de publicaciones.
Como lector apasionado de Bolaño, confieso que me ha resultado frustrante esta lectura. Como admirador incondicional de su obra, he terminado el libro y me he sentido desamparado. Supongo que he interiorizado el carácter inacabado de estas historias a manera de una renuncia; igual que si Bolaño me hubiera guíado –en cada uno de sus cuentos– al interior de un laberinto para luego esfumarse y abandonarme allí a mi suerte.
Por el contrario, como ser humano, ha resultado una experiencia reconfortante. Porque a pesar de los años transcurridos y de todo lo vivido, de haber conocido el miedo, el fracaso, la resignación, acaso el principio del éxito también, en estos textos que –según palabras del propio editor– “Bolaño estuvo trabajando hasta poco antes de su muerte” he encontrado la misma furia inexpugnable de sus textos anteriores, el mismo arrebato salvaje e insumiso que hace las veces de argamasa en la literatura de Bolaño desde sus primeros textos, cuando era joven y, por tanto, rebelde, hasta los últimos, cuando ya la vida lo había erosionado, machucado y, presumiblemente, debería haberlo aguachado.

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