#Norman Mailer :: En la cima del mundo

(…) Ahora parecían dos colegiales corriendo enloquecidos hacia la muerte, trepando la colina de camino a casa. Con todo, Ali ganó el decimocuarto. Se le veía entero, y salió bailando al decimoquinto, mientras Frazier, habiendo reunido por fin sus ejércitos de energía, con toda su valentía preparada para escupir a la cara de cualquier demonio, blanco o negro, que quisiera arrebatarle el trabajo de toda una vida, tuvo la osadía de robarle el fuego a Ali. Así que Frazier lanzó un puño para arrebatarle el golpe mágico, aquel golpe con el que Ali tumbó a Bonavena. Y lo encontró. Y mandó a Ali a los infiernos con un golpe celestial que puso a Muhammad en cincuenta mil fotografías de prensa: Ali en la lona. El Gran Ali en la lona impávido, cantándole a las sirenas en medio de las tenebrosas tinieblas del callejón oscuro (con esa misma mirada de viudo muerto y la expresión ausente que le habíamos visto en el quinto asalto que peleó a ciegas contra Liston), y aún así se levantó, se deslizó a lo largo de los dos minutos y treinta y cinco segundos que le quedaban de infierno, en un último ejercicio de voluntad, logrando que se mantuvieran en pie los fundamentos de hierro de su ego que indicaban que el Gran Ali no podía ser noqueado. Y entonces fue como si el espíritu de Harlem finalmente se hubiera manifestado y hubiera acudido en su rescate, como si los fantasmas de los muertos en Vietnam, o quién sabe qué, hubieran conseguido mantenerlo en pie frente a un exhausto y enloquecido Frazier, que acababa de conectar el mejor golpe de toda su vida. Así discurrieron los últimos segundos de una gran pelea, con Ali en pie. Frazier había ganado.

#Norman Mailer :: En la cima del mundo (1971)

Jugando con los límites de la narración literaria, la crónica deportiva, el ensayo sociológico y la pura apología, Norman Mailer retrata –¿es otra la luz que ilumina el conjunto de su obra?– la sociedad estadounidense de la segunda mitad del siglo XX. Apenas un puñado de páginas para desvelarnos uno de los trucos de magia que hicieron de EEUU el gran e indiscutido showman de la escena mundial.
Esta obra trata, por encima de cualquier otra consideración, de un combate de boxeo entre dos deportistas formidables. Un combate de boxeo a quince asaltos que se decide a los puntos; que es, no me cabe la menor duda, la forma más ardua y dolorosa de ganar o perder un combate.
Y trata de un combate de boxeo en el que uno de los contendientes gana y el otro pierde. Por lo tanto, habla de la gloria y el fracaso, recorre el camino hacia el éxito, la fama, la cima del mundo, y la caída al precipicio que espera en el otro lado, el abismo a nuestros pies, el piso de lona del cuadrilátero resplandeciendo bajo los focos como si fuera una lengua de fuego que se lanza a nuestro encuentro desde el mismo infierno.
Y se detiene en el trayecto de ascenso, el que más le interesa. Porque Mailer se ha propuesto hablar del icono, de su proceso de ensamblado y de la estrategia de mercadotecnia que exporta un producto poco conocido –un practicante de un deporte minoritario y, en cierto modo, maldito– hasta el último rincón del planeta. Se le ha metido entre ceja y ceja explicitarnos que uno de los formatos más convenientes para el consumo es el icono –los tejanos, los cigarrillos, la Coca-Cola, el rock and roll, la democracia al estilo yanqui…, tendríamos para un rato largo– y que cualquier cosa, todo, absolutamente todo, es susceptible de transmutarse en icono. Y, joder, que me aspen si no lo consigue.

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