Siempre hay una última vez :: 2

    Virgil

    La cosa va de amigos. Un amigo de un amigo tiene un amigo que trabaja en Mercabilbao cargando y descargando camiones. Un trabajo físico. Sólo tiene que darle al coco para retener dos datos: el número del andén donde han estacionado el camión y el número de la lonja donde acaba, o empieza, el trayecto que debe recorrer la mercancía. La jornada comienza muy, muy de mañana, de madrugada más bien, y acaba a media tarde, es decir, que son unas cuantas horas, aunque el tajo se concentra básicamente a primera y a última hora, por lo que la mayor parte del tiempo el tipo se lo pasa esperando aburrido. Cuando se aburre siente necesidad de fumar, pero él sabe que no debe fumar porque su entrenador le ha dejado claro que tiene que cuidarse, esto es, que debe seguir la dieta, no probar el alcohol, olvidarse del tabaco y no acercarse a menos de cien metros de mujeres de mala reputación, si quiere tener alguna posibilidad en un campeonato de culturismo que lleva preparando los últimos meses. Así que el tipo en cuestión se aburre y se acuerda del tabaco y nota que el escroto del testículo izquierdo, que es su testículo más delicado, se le irrita y sólo se le ocurre una forma de olvidarse del puto cigarrillo, que no es otra que mantenerse ocupado haciendo algo, claro. Entonces, se pone a dar vueltas por los pabellones, echa una mano, se arrima a un corrillo de transportistas, acerca unos palés, vamos, que el tío intenta estar entretenido. El caso es que el coleguita es curioso y mientras anda de aquí para allá va con la antena puesta.

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    –Es más fácil pillar una propina si estás atento al mundo que te rodea,
    eso dice él. El caso es que hay cosas que le llaman la atención. Y entre todas esas curiosidades hay una que también le ha parecido digna de mención al amigo de mi amigo. Joder, incluso a mí me resulta original.
    La cosa va de marisco. Casi todos los días llega a Mercabilbao un camión con marisco desde Vigo. No siempre es el mismo camión, ni tampoco aparece todos, todos los días. Pero es, por así decirlo, un habitual. En Galicia deben tener cangrejos a patadas y los mandan por todo el país. Ya sabes que en Galicia también abundan otros productos, los grelos, por ejemplo, y de momento dejamos este punto, luego volvemos sobre él. Al asunto, el camión aparca en un costado de la lonja del pescado, abren el portón trasero y comienzan a bajar las cajas de poliespan, que inmediatamente desaparecen en el interior del pabellón, donde esperan los mayoristas. ¿Sabes en qué se ha fijado el culturista? Pues resulta que algunos días, no todos los días que viene el camión, que recuerdo que no viene todos, todos los días, pero sí sólo los días que viene un determinado camión y no uno de los otros, hay unas pocas cajas que en lugar de ir para el pabellón acaban en una furgoneta que aparece, carga el marisco y se pega el bote, sin prisa pero sin pausa, también sobre este punto volvemos más adelante. Bueno, pues al chavalote los esteroides no le han atrofiado las neuronas porque, además, ha retenido los datos del camión que interviene en todas estas operaciones, los de la furgoneta, que también resulta que siempre se trata de la misma, y presume de poder anticipar, no al ciento por ciento, pero con una probabilidad bastante alta, digamos del ochenta por ciento, los viajes de las cajas especiales.
    –Y ahora, Roqui, la pregunta: en tu opinión, ¿de qué va la cosa?

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[–> Roqui]

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