Siempre hay una última vez :: 5

    Roqui & Virgil

    –Aló.
    –Virgil, soy Roqui.
    –Campeón, ¿cómo te va?
    –Imagínate, me han echado del curro.
    –¿Que te han echado del curro? ¿Qué cojones has hecho, Roqui?, eres un puto desastre.
    –No me jodas, enano. La culpa es tuya. Estaba hasta arriba de cerveza y de mierda y me lié a repartir tortas sin fijarme dónde ponía la mano. ¿Recuerdas al menda que lleva la seguridad del Kaiser?
    –Claro, uno delgado al que le brilla la pelota más que la luna llena en Transilvania.
    –Ajá, ése también recibió.
    –Eres un puto desastre, chavalote. ¿Has pensado lo del trabajito?
    –Precisamente, al tipo tienen que reconstruirle el cráneo. Yo pago.
    –Siento lo del trabajo, Roqui, de verdad; pero, en el fondo, me alegro. Sabes que yo sólo no soy capaz de hacerlo. Ya mismo me pongo con el tema.
    –Oye, Virgil, escucha. Esta vez tiene que salir bien.
    –¡Claro que va a salir bien!
    –¡Que escuches!, cago en Dios. Los narcos son peligrosos, nos vamos a meter en un cristo de muchas narices. Y ya sabes cuál de los dos es el que acabo recibiendo las hostias. Escucha: en este golpe quiero que des la cara. Métete esto en el coco: el dinero se reparte a partes iguales, los marrones se reparten a partes iguales. ¿Está claro o te lo vuelvo a explicar?
    –Meridiano. Sin embargo, yo lo veo así: lo más inteligente es que cada uno de nosotros se encargue de lo que mejor sabe hacer. ¿Tú crees que yo soy capaz de quitarle la mercancía al contacto?
    –Como no sea haciéndole reír, no.
    –Claro que no. Porque hace falta un tío con un par de pelotas. ¿Tú crees que eres capaz de colocar la farlopa? Y si el asunto se tuerce, ¿qué te parece mejor?, ¿que nos liguen a los dos o que uno esté a salvo para poner en marcha el plan B?
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    –Joder, Virgil, con lo despierto que eres… Si el asunto se tuerce, empiezo a dar tortas y no paro hasta salir de Mercabilbao y sigo por Basauri y de ahí paso por el Boquete a Begoña y Atxuri, y llego hasta La Peña y te busco y te hago comerte las gafas y te engancho de las orejas y te llevo donde los chicos malos para que les cuentes que la idea ha sido tuya y luego les pido por favor que me dejen meterte una pistola por el ojete del culo y luego, pero sólo después de haberte mandado a criar malvas, que me troceen finito y me den de comer a los perros si quieren. Y una última cosa, colega, este es el último golpe, éste y ninguno más. Dividimos la pasta y cada uno a un puticlub a celebrarlo: no más trabajitos, no me llames, no me saludes, no te acuerdes de mí el día de mi santo. ¿Todavía te quedan preguntas?

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