El encuentro

    A cada señal nuestra le seguía una respuesta. Un sonido, en apariencia, ininteligible, poco más que un eco que nacía en algún punto de Fénix, forcejeaba a lo largo del vacío negro y alcanzaba nuestros receptores con un último estertor. Señalamos un punto de encuentro y esperamos.

    Llegaron al cabo de los años. Miramos al cielo: los últimos rayos de sol teñían de rojo las nubes y la línea de dunas. Parecían todos iguales. Eran altos y delgados. Se movían con dificultad, como si el suyo fuese un mundo más pequeño, un planeta cuyo núcleo ejerciera una menor fuerza de atracción. No había ninguna expresión en sus rostros.
    Uno de ellos se adelantó. Un relámpago atravesó el fondo de sus ojos fríos. Dijo: x igual a x. Y también: si p igual a x, si z diferente a x, entonces z diferente a p.
    Mi compañera avanzó unos pasos hacia el extranjero. Abrió el manual y leyó el discurso de bienvenida.

    Mantuvimos la esperanza hasta que la luz de posición de su nave se convirtió en uno más entre los miles de millones de puntos que titilaban en la noche. Luego regresamos al interior de la base. La señal ya no obtenía respuesta.

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#Sergio Lozano Sangrador :: slsangrador@gmail.com

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