#Martin Amis :: Lionel Asbo. El estado de Inglaterra

Lionel se estaba afeitando; utilizaba las maquinillas de plástico proporcionadas (y repuestas con tesón todos los días) por el South Central. Quieto por un instante delante del espejo, sopesó aquel utensilio con aspecto de juguete que tenía en la palma de la mano… Hueco. Apenas lo notaba. No era como la especie de jodida llave inglesa que le había proporcionado el señor Fierth-Heatherington (que Lionel había perdido en el Castle on the Arch o en el Launceston). Al South Central lo llamaban el hotel heavy metal, pero en él todo era liviano: la cubertería, la cristalería, el mobiliario (incluso la ropa de cama: el edredón blanco le acariciaba la piel como una neblina)… Sin previo aviso, el chorro de agua vaciló, quedó en suspenso durante un instante hipnótico, emitió una tos cortés y volvió a fluir normalmente. Era asombrosa la rapidez con que arreglaban las cosas para que volvieran a funcionar de nuevo. Aquella tarde, un vocalista famoso de la planta de encima había dejado caer una especie de granada de mano en la taza del retrete…
“Esto es lo que necesito”, dijo Lionel. “Una puta granada de mano en la taza del retrete”. Las tripas se le habían aflojado un tanto; pero sus vigilias agachado se parecían muy poco a las evacuaciones espontáneas del pasado. De todos modos, se sentía ligero, liviano, inmaterial, apenas sólido. Cada vez que iba al casino y el ascensor se detenía en el ático, Lionel esperaba seguir subiendo y subiendo, hasta dejar atrás el helipuerto y la Century City Eyrie y ascender al azul estival… El mundo ingrávido, el limbo etéreo del South Central, donde nada pesaba, nada importaba, todo estaba permitido.

#Martin Amis :: Lionel Asbo. El estado de Inglaterra (2012)

Hay que ser un caradura para escribir como lo hace Martin Amis. No un caradura cualquiera, por supuesto. Este es un matiz importante. Porque me estoy refiriendo a uno de esos sinvergüenzas capaces de dejar una sonrisa en el rostro –aún atónito– de la persona con la que acaban de descararse.
Podría extenderme más en el análisis de esta novela. Sin embargo, me resultaría difícil añadir algo más. Efectivamente, a más de uno le parecerá escaso –insuficiente, insignificante– esta contribución mía. Bien. Con este blog tampoco pretendo aportar sesudas reflexiones o practicar crítica literaria; me conformo con prestar, a quien lo desee utilizar, el caleidoscopio que los años y las lecturas han ido armando delante de mis ojos y que constituye el tamiz a través del cual percibo el mundo.
Y en este punto declaro que, si bien he descubierto a Amis en fechas recientes, algunas de las piececitas que bailan y cabriolan sin cesar en ese caleidoscopio son suyas por dos razones. Por una parte, porque estoy convencido de que se trata de un buen escritor cuya producción literaria considero reseñable. Por otra parte, porque disfruto como un niño pequeño leyendo sus historias y la manera que tiene de contarlas. Como un niño pequeño, insisto.

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