Día de Acción de Gracias :: 3

    El alcohol era cosa de Doble Dos. Un colega de su pueblo, un villorrio en alguna remota esquina de Wyoming, uno de esos pequeños y entrañables lugares que sólo aparecen en las fotos de los satélites meteorológicos, era cabo en el servicio de intendencia. Es decir, podía agenciarnos cualquier cosa que pudiera cambiarse por un puñado de dólares. Desde un paquete de preservativos hasta un helicóptero Apache firmado por el mismo Dick Cheney.
    –Pedro quiere una invitación –dejó caer Dos mientras comíamos–. A cambio, la priva es gratis.
    –Cojonudo –dijo Bloody.
    –Ese colega tuyo es el mayor gilipollas que he conocido –opiné yo.
    –Yo me apunto venga quien venga –dijo Dark.
    –¿Qué cojones te pasa, Jim? –se me encaró Doble Dos–. ¿Te debemos algo los chicanos?
    –A mí me la pela que sea sudaca –me revolví–. Tú eres un jodido mestizo, ese, un negro de mierda y los papás del sargento se encargaban de arrancarles las muelas a los judíos antes de empujarlos al horno de Auschwitz. ¿A tí te parece que yo tengo problemas para relacionarme con escoria?
    –Tranquilo, Jimmy, el hispano lo ha pillado –intervino Bloody.
    –Si no hay invitación no hay bourbon –remachó Dos y se encogió de hombros.

dia_accion_gracias3

    El primer destino en suelo iraquí de Pedrito, el de Wyoming, había sido el penal de Abú Ghraib, de ahí que muchos le llamáramos Abú. Corría el rumor de que había trabajado en el correccional de Sing Sing antes de enrolarse en los marines. Al parecer, en Abú Ghraib necesitaban gente bregada. Cuando la CNN emitió las fotos de una morenita, sonrisa socarrona y cigarrillo humeante en la boca, apuntando con su dedo índice a prisioneros desnudos, maniatados y con bolsas en la cabeza, y el escándalo de las torturas en la prisión estalló, los implicados salieron despedidos por la onda expansiva. Algunos recalaron en Guantánamo. A otros les fletaron un avión de regreso a la patria, donde los esperaba un consejo de guerra con los brazos abiertos y medallas para después del sermón. Los más irreductibles rodaron por las cuatro esquinas de este desierto. Abú vino a parar a Camp Liberty.
    –¿Qué problema tienes con Abú? –me preguntó Dark.
    –Le gusta ser el puto centro de la fiesta –Bloody y Dos se miraron y rieron– y no es más que un bocazas sin gracia.
    –Colega, no pasas ni una, tú –dijo Bloody–. No me puedo creer que no te hayas reído oyéndole contar historias del penal.
    –¿Qué historias? –volvió a preguntar el hermano.
    Bloody deslizó el culo fuera del asiento y gesticuló con un brazo como si se estuviera clavando algo por el mismo ojete.
    –Los consoladores, Dark –le contestó–. ¿Nunca le has oído contar lo de los consoladores?
    Dark negó con la cabeza y Bloody y Dos le contaron la maldita historia.
    –Vale, hermano, la prisión de Abú Ghraib –empezó Bloody Hell–. Llegaba un camión con un montón de sarracenos. Les obligaban a quitarse la ropa y los hacían formar. Entonces, se paseaban entre ellos dándoles culatazos para que fueran comprendiendo que aquello no era una especie de campamento de verano.
    –Pedro solía quedarse un poco al margen. Su tarea consistía en detectar al que tragaba más saliva, ¿lo pillas? –aclaró Dos.
    –Total, que acababan sacando a uno del grupo y se lo llevaban a una sala de interrogatorios. Imagina la sala –el sargento hizo una pausa para dejar que Dark se pusiera en situación–: Abú con dos o tres compañeros, un intérprete, el puto moro y un flexo sobre una mesa, alumbrando un consolador como de la talla del coño de Jenna Jameson. Entonces, Abú decía “Mira, hijo, te vamos a hacer unas preguntas. Contestas y se acabó todo, vuelves con tus colegas. Pero si no contestas…”
    –Aquí empezaba a traducir el intérprete –completó Doble Dos–, “Si tú no contestar…”
    –Abú cogía el consolador.

dia_accion_gracias33

    –Y el intérprete decía “Taca-taca”. Como quiera que se diga eso en el idioma de Mahoma, claro.
    –Y luego seguía “Y cuando tengas el culito a tono, te sacamos al patio para que te la enchufe un camello”.
    –Y el intérprete decía “Luego camello en patio”, mientras movía la cadera adelante y atrás.
    –La parte más graciosa es cuando cuenta cómo empezaban a untar el chisme con vaselina y al colega se le movían los ojos como si fueran pelotas en un partido de tenis, se le ponía la misma cara que a Sadam Hussein cuando amenazaba a toda la galaxia con el fuego vengador de Alá –Bloody Hell imitaba el gesto del de Wyoming– y berreaba la filiación completa de todos los tipos con los que se había cruzado en su vida.
     Esperé hasta que el dúo acabó de reírse.
    –Genial, tíos. Precisamente, la historia que más me toca los cojones.
    Dos me dió un manotazo en el hombro.
    –¿Sabes cómo te lo explicaría el intérprete de Abú Ghraib?
    –No invitación, no bebida, no fiesta –contesté. 

[–>]

Etiquetado , , ,