#Patrick Modiano :: Libro de familia

(…) A veces, tras correr las cortinas del salón y cuando era tan hondo el silencio que se oía pasar un coche de alquiler o el rumor de los árboles en el muelle, mi padre sentía una vaga intranquilidad, supongo. Se adueñaba del él el miedo como aquella tarde, a última hora, del verano de 1943. Caía una lluvia de tormenta y él estaba en los soportales de la calle de Rivoli. La gente esperaba en grupos compactos a que dejase de llover. Y los soportales estaban cada vez más oscuros. Ambiente de expectación, de gestos en suspenso, que precede a las redadas. No se atrevía a mencionar su miedo. Mi madre y él eran dos personas sin raíces, sin el mínimo vínculo, fuere cual fuere, dos mariposas en aquella oscuridad del París de la Ocupación en que se pasaba con tanta facilidad de la sombra a una luz demasiado cruda y de la luz a la sombra. Un día, de madrugada, sonó el teléfono y una voz desconocida llamó a mi padre por su auténtico nombre. Colgaron inmediatamente. Ése fue el día en que decidió huir de París… Me había sentado entre las dos ventanas, en la parte baja de las baldas. La penumbra había invadido la habitación. En aquellos tiempos, el teléfono estaba encima del secreter, muy cerca. Me parecía, treinta años después, oír aquel timbre quebradizo y medio ahogado.

#Patrick Modiano :: Libro de familia (1977)

Dejé de creer en la independencia de los jurados que conceden los galardones de fama internacional hace mucho. Supongo que todo empezó al comprobar la arbitrariedad y la manifiesta parcialidad con la que se decidían, en la mayoría de las ocasiones, los elegidos para el premio Nobel de la Paz. Después, una vez plantada la semilla, mi desconfianza se fue extendiendo a la totalidad de las distinciones que tienen una cierta repercusión mediática. Tal vez el último reducto al que se ha aferrado mi credulidad han sido los reconocimientos soportados por un valor tangible –léase una obra literaria o pictórica, un montaje de fotogramas, una proeza deportiva…–. Y, dentro de estos, el último bastión en caer han sido los premios literarios porque, modestia aparte, en esta materia creo poseer un criterio suficiente para advertir el grado de objetividad de un jurado. Sin embargo, vuelvo al principio: voy a cumplir cuarenta y ocho años, perdí la candidez hace mucho tiempo.
Así que voy de camino a la biblioteca municipal y pienso qué me apetece leer. El pasado fin de semana, en el suplemento cultural de un diario, me ha interesado una reseña sobre un autor francés, Patrick Modiano. El nombre me suena, pero no sé de qué. Repito el nombre, sin acabar de unir ese nombre a un recuerdo concreto. La nota bibliográfica en la contraportada del primer libro que encuentro me saca de dudas: Nobel de Literatura en el año –ni más ni menos– 2014. Mi primera intención es devolver el libro a su estante. Sin embargo, efectivamente, me acerco a la cincuentena; quiero decir que –también– aprendí a quitarle importancia a mis propios prejuicios y contradicciones.
Un premio Nobel, un autor entre cuyas obsesiones figura la ocupación nazi de París. Parecen dos incógnitas de una ecuación fácil de resolver. Aún así, me resisto a creer que baste con esas dos incógnitas para armar una fórmula capaz de merecer un premio Nobel. Porque tengo la certeza de que son muchos los autores que han hablado sobre la Francia ocupada; no obstante, solo uno de ellos ha resultado premiado. Aunque sea consciente de que hay, en el polo opuesto, muchos autores merecedores de un galardón semejante y cuya obra nunca será reconocida a causa de motivos espurios –ideología o país de residencia son algunos de los motivos más “socorridos”, el mercado y los intereses editoriales, las influencias más determinantes–.
Finalmente, y ya me ciño al libro en concreto, «Libro de familia» me ha parecido una lectura interesante. No me ha parecido apasionante, no me ha sorprendido, no me ha sacudido. No la he leído como quien observa una tempestad en la cima de un monte, expuesto y sometido a la fuerza desatada de la naturaleza; sino más bien como alguien que contempla una fina lluvia desde la protección de un porche. Pero me ha abierto la curiosidad por este autor, de tal manera que, estoy seguro, leeré más obras suyas. Y esto, dicho por una persona que acumula casi medio siglo de ideas preconcebidas, rarezas y obstinación, puede considerarse, en beneficio del escritor, un considerable éxito y algo más que un sincero reconocimiento.

tropas alemanas entrando en Paris

Etiquetado , , ,