#Philip Roth :: Pastoral americana

(…) Lo que le causaba asombro era que a una persona parecía agotársele su propio ser, se le terminaba la sustancia que le hacía ser lo que era y, vacía de sí misma, se convertía precisamente en la clase de persona que antes le habría dado lástima. Era como si mientras sus vidas estaban llenas de satisfacciones estuvieran en secreto hartas de sí mismas y desearan prescindir de la cordura, la salud y todo sentido de la proporción a fin de abordar ese otro yo, el yo verdadero, que era un fracaso totalmente engañado. Era como si armonizar con la vida fuese un accidente que podría acontecer en ocasiones a los jóvenes afortunados, pero algo, por lo demás, con lo que los seres humanos carecían de verdadera afinidad. Qué extraño. Y qué raro se sentía al pensar que él mismo, quien siempre se había considerado entre las innumerables personas normales sin conflictos, pudiera encarnar realmente la anormalidad, al margen de la vida real, por el mismo hecho de estar tan firmemente arraigado.

#Philip Roth :: Pastoral americana (1968)

En esta ocasión quiero ceñirme al aspecto literario de esta novela. Acaso porque el tema abordado no me interesa en absoluto y, no obstante –incluso a pesar de las quinientas once páginas, que ya hay que escribir para llenar tanto folio en blanco–, he acabado el libro. No tengo claro si me ha gustado. Por el contrario, me parece indudable que he aprendido unas cuantas cosas. Así que me parece coherente referirme a aquello que he aprendido. Voy a referirme a dos de ellas.
En primer lugar, el plan previo. Roth quiere hablarnos de un periodo muy concreto en la historia de los Estados Unidos de América. Unos pocos años durante los cuales se inician una serie de cambios en la sociedad norteamericana que acabarán transformándola hasta llegar a convertirla en lo que es en la actualidad. Se trata, pues, más que de una crónica histórica, de una crónica sociológica que describe un episodio fundamental en la historia reciente de la humanidad entera, habida cuenta de la influencia que los Estados Unidos han ejercido en la práctica totalidad del planeta. Expresado así, resulta patente la magnitud del reto: ¿cómo elaborar un relato de magnitudes planetarias?, ¿como puede embutirse en una novela, siquiera de quinientas páginas, el retrato de algunos de los años más portentosos y determinantes del siglo XX? Bien, existe una respuesta sencilla para esta formidable cuestión: con un excelente plan previo que incluya una trama a través de la cual podamos recorrer las convulsiones de esa época y unos personajes que, sin ser paradigmas de nada –esto es novela, no ensayo o un tratado sociológico–, puedan ser protagonistas de esas convulsiones.
El plan previo, entonces. Sustituímos país por familia, ideamos un hecho traumático que permita emular en el día a día de la familia el proceso vivido en todo el país y obligamos a unos personajes creíbles a que lo sufran y se vean condicionados por ello. Además, sabemos a dónde les conduce este proceso porque se trata de reproducir en nuestro pequeño laboratorio algo que ya ha ocurrido en la realidad y que todo el mundo conoce. Voilà. Sencillo. Endemoniadamente sencillo.
Y, en segundo lugar, el uso de la analepsis –para muchos, entre los cuales me incluyo yo mismo, resulta más conocida la voz inglesa «flashback»–. Conocía este recurso y lo he utilizado con asuidad por su potencia –al fin y al cabo, muchos de nuestros actos están determinados por sucesos pasados– y su capacidad para conferir ritmo a la narración. Lo que me ha llamado la atención es el hecho de que Roth no espera al inicio de un párrafo o al final de una escena para romper la secuencia cronológica, una manera de utilizar esta técnica que facilita la comprensión del lector. En muchas ocasiones, la retrospección se inserta directamente entre las reflexiones del protagonista, en el caudal de sus pensamientos; como si el personaje estuviera nadando y, de vez en cuando, decidiera sumergirse a mayor profundidad –sin cesar de bracear–, para luego volver a la superficie a tomar aire. De esta manera, el autor elabora frases largas, en las que puede enlazar descripciones, reflexiones y acciones, construye estructuras sintácticas complejas que resaltan la confusión padecida por el propio protagonista y consigue mezclar el tiempo pasado y el presente para reforzar esa relación de causa y efecto que se encuentra en la raíz del vuelco social retratado.
Pueden aprenderse muchas más cosas de esta novela. No en vano, Philip Roth es un buen escritor. He acercado tres de sus obras a este blog. Y traeré alguna más. Palabrita del niño Jesús.

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