#Martín Caparrós :: A quien corresponda

(…) Desde que te llevaron, flaca, ha habido tantos cambios. Yo creo que ha habido pocos periodos con más cambios en la historia. Al final el mundo cambió en todo menos en lo que nosotros queríamos. Ahora se puede sacarle un riñón a un señor y ponérselo a otro, ahora cada persona tiene un teléfono que puede llevar a todas partes y dicen que en las computadoras que hay en las casas se encuentra más información que en cualquier biblioteca, ahora toda la ropa que nos ponemos es china o india y Europa tiene una sola moneda y para ganar plata en serio hay que fabricar programas de computación o especulaciones financieras, ahora hay cien canales de televisión, ahora no hay más países comunistas. Ya nada es como era, Estela, pero lo que nosotros queríamos cambiar sigue igual, peor: los pobres cada vez más pobres, los ricos cada vez más ricos, los poderosos cada vez más poderosos. Erramos como perros ciegos. Erramos como perros.

(…) Cuánto más fácil era morirse entonces, cuando tenía sentido.

#Martín Caparrós :: A quien corresponda (2008)

Si fuéramos lo suficientemente honestos con nuestra naturaleza –¿acaso hemos logrado alguna vez, a lo largo de la historia de nuestra especie, escapar al campo gravitacional del maniqueísmo?– y porfiáramos con la suficiente energía, seríamos capaces de reducir todas las tipologías a un universo donde se enfrentarían dos categorías. Pongamos que somos capaces de hacerlo, que tenemos en la pantalla de nuestro ordenador dos conjuntos donde poder ubicar todo lo que nos venga a la mente. Entonces, yo eligo para esta novela el lado de aquello que va a contracorriente, el lado de los animales salvajes capaces de soportar la intemperie y la soledad, el lado donde la lucidez, a la manera de un foco implacable, arranca de los cuerpos profundas sombras de duda.
Es posible que este libro pretenda, antes que ninguna otra cosa, ajustar las cuentas. Con una parte de la historia argentina que es, además, común a casi la totalidad de todos los países de Centro y Sudamérica. Con una generación que quiso cambiar la sociedad en la que vivía, igual que lo han querido todas las generaciones pasadas, igual que deberían ansiarlo las futuras, una juventud que apostó todo su entusiasmo y hasta la última gota de esperanza, unos hombres y mujeres cuya lucha, sin embargo, fue única porque única era la utopía que les alimentaba –la igualdad de clases que parecía ser el pilar del socialismo–. Un ajuste de cuentas, por lo tanto, dificilísimo, que constituye un objetivo ambicioso, digno de elogio.
No obstante, me parece un objetivo despreciable con el que es, en mi opinión, el mayor logro de este libro: la reconciliación del protagonista con los errores que cometió en el pasado y con los que su propia imperfección le llevará a cometer. Porque ese protagonista es, en realidad, la sociedad argentina y porque el camino que elige para elaborar ese aceptación no es la reconstrucción edulcorada de una época negra o la aquiescencia cómplice, sino la honestidad y la exigencia ética consigo mismo, con los que fueron sus compañeros y con los que siempre serán sus enemigos.

a_quien_corresponda

Etiquetado , , ,

Escribe tu comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s