#Richard Ford :: Un trozo de mi corazón

W.W. miró en dirección al agua, acarició el gatillo todavía caliente y se preguntó si debería disparar al chico y de ese modo evitar que le disparara a él. Decidió que no, y sonrió.
–Soy W.W. El juez de paz de Helena.
–¿Y qué hace con ese uniforme de béisbol y un rifle, W.W.? –dijo el chico, dejando que se notara que le faltaban tres dientes delanteros, detrás de los cuales se podía ver una lengua que se esforzaba por llenar el vacío.
–Voy detrás de Robard Hewes. No lo habrás visto, ¿verdad?
–¿Detrás de quién?
–De Robard Hewes.
–Oiga, W.W. –dijo el chico, pasándose la lengua por la comisura de los labios y volviendo a dejar que el cañón de su rifle apuntara hacia sus pies–. Nunca he oído hablar de él. Pero le voy a decir una cosa.
–¿Qué cosa? –preguntó W.W.
–Acabo de matar a un hombre, aquí, apenas un minuto antes de que usted apareciese.
–¿A quién has matado? –dijo W.W., mirando hacia el bote vacío impulsado por la brisa.
–Maldito si lo sé. Fuera quien fuera, no tenía nada que hacer por aquí. Se lo digo yo. Se lo digo yo y debe creerme.

#Richard Ford :: Un trozo de mi corazón (1976)

Hace un tiempo que no subo nada al blog. Estoy falto de entrenamiento y sobrado de pereza. De alguna manera hay que decirlo. En definitiva, que voy a centrarme en los dos aspectos que más me han gustado de este libro.
Me han gustado los personajes. Esta novela me ha ayudado a entender el término inglés drop, que conocía a través de varios juegos de ordenador de los conocidos como juegos de estrategia. En este tipo de juegos se utiliza el verbo para indicarte que tienes la posibilidad de añadir algún tipo de recurso –por ejemplo, tropas– al bando con el que compites. Yo me preguntaba por qué no se utilizaba el verbo add, en lugar de ese misterioso drop. Ahora, una vez visto cómo inyecta Richard Ford a sus personajes en la trama, no me queda ninguna duda de lo que entiende un anglosajón cuando escucha o lee el mencionado verbo.
Los personajes de Ford no construyen la historia. No son héroes ni nada parecido. Los acontecimientos los alcanzan y ellos, como si hubieran recibido un puñetazo en la boca del estómago, doblan lo justo la rodilla para no irse al suelo, buscan el aire que acaba de escapar de su organismo y reaccionan armando la mejor defensa de la que disponen. Pero son, en cualquier caso, unas víctimas de lo que está pasando y, por supuesto, de lo que ya ha pasado –se explicite o no– y, tal vez, de lo que va a suceder.
Me ha gustado la consecuencia lógica de lo que acabo de explicar. Porque la historia precisamente consiste en la respuesta a esa pregunta: ¿serán aplastados?, ¿las fuerzas que ya han sido desatadas, en medio de las cuales han aparecido, los borrarán? Este es el desafío que nos propone el autor.
A mí me parece un planteamiento cabal. Es más, entiendo que la vida real, la de las personas con las que convivo, consiste en ese tipo de reto: enfrentarse a lo que viene o plegarse a ello.
Y cierro esta entrada. Creo que sé cuál es el mecanismo –escribir es componer un mecanismo, corregir es ajustarlo– del que se vale el escritor para conseguir este efecto: los personajes drop en la historia, descienden a ella como si fueran fulanos a los que una fuerza mágica ha arrastrado a un cuadrilátero donde los espera Mike Tyson. Segundos fuera.

un trozo de mi corazon

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