#Amos Oz :: Judas

–(…) La revuelta árabe del treinta y seis, Hitler, la resistencia, los asesinatos, las acciones de represalia de las resistencias judías, los patíbulos que levantaron los británicos y, sobre todo, sus muchas conversaciones con sus amigos árabes, lo llevaron a pensar que aquí había suficiente espacio para las dos comunidades y que era mejor para ellas vivir una al lado de la otra o una dentro de la otra sin ningún marco estatal. Vivir como una comunidad mixta, o como una combinación de dos comunidades en la que una no amenazaba el futuro de la otra. Pero quizá tengas razón. Quizá todos vosotros tengáis razón. Quizá realmente era una persona ingenua. Quizá realmente era preferible que ocurriese todo lo que vosotros hicisteis aquí, que decenas de miles acabasen asesinados y cientos de miles acabasen exiliados. Aquí los judíos son un gran campo de refugiados y también los árabes son un gran campo de refugiados. Y desde ahora los árabes viven día tras día la tragedia de su derrota y los judíos viven noche tras noche el terror de su venganza. Al parecer así les va mucho mejor a todos. Los dos pueblos reconcomidos por el odio y el veneno y los dos llenos, tras la guerra, de venganza y razón. Ríos enteros de venganza y razón. Y por tanta razón toda esta tierra está cubierta de cementerios y sembrada de ruinas de cientos de aldeas pobres que fueron borradas del mapa.

#Amos Oz :: Judas (2014)

Soy una persona de pocas –muy pocas y, al mismo tiempo, demasiadas– convicciones, apenas media docena. Una de ellas propone que los conflictos en los que nos enzarzamos los seres humanos solo empiezan a ser solucionados cuando conseguimos despojarlos de todos los ropajes ideológicos, culturales, religiosos…, con los que los revestimos, de manera que los dejamos reducidos a conflictos entre personas que sufren a causa de sus actos y renuncias. En esta tarea de desenmascaramiento puede ser especialmente útil la literatura porque, al fin y al cabo, ¿qué es una buena historia?, ¿un personaje, su lucha y qué más?
Admiro a los autores que son capaces de ilustrarnos un conflicto social real. A través de unos personajes y de una trama de acontecimientos que ellos mismos han concebido, son capaces de devolver a ese conflicto la dimensión humana y, por lo tanto, nos proporcionan las claves para comprender los sentimientos de los hombres y mujeres afectadas –el sufrimiento y el dolor, la ilusión y el entusiasmo que conmueven a unos seres que son, en esencia, iguales a nosotros–.
Se me ocurren dos muy buenos ejemplos de este tipo de autores: Aleksandr Solzhenitsyn y el sistema represivo soviético (los totalitarismos, en efecto); Coetzee y el apartheid (el racismo, en general, también). Bien, Amos Oz pertenece a este mismo tipo de escritores excepcionales.
Oz resulta imprescindible para acercarse al conflicto árabe-israelí –que es como decir al conflicto entre Occidente y los regímenes árabes de Oriente Próximo, entre una cultura profundamente antropocéntrica y otra aún cercana a la teocracia– sin extraviarse en el laberinto de las declaraciones altisonantes de los grandes líderes de masas o de los soliloquios reiterados de los organismos internacionales que son manipulados, en la sombra, por los grandes intereses económicos –también internacionales–. Porque los personajes de Oz no son entelequias ni hojas de ruta, solo son seres humanos hechos del mismo material que tú y yo, vidas a las que el conflicto rozó o golpeó de lleno, historias que el autor localiza en Israel o los Altos del Golán pero que comparten aspectos esenciales con otras historias en todos aquellos lugares del mundo donde los seres humanos se enfrentan a la guerra y al dolor.
Y, sin embargo, Oz no ha ganado el Nobel. A pesar de ser uno de esos escritores asiduos en las quinielas. ¿No es suficientemente bueno? Desde un punto de vista literario, pregunto. El hecho es que la Academia Sueca no ha creído conveniente –hasta el momento– conceder tal galardón a este autor. Me parece una buena razón para saber qué escribe y cómo lo hace. Si no me he referido antes a los grandes intereses –internacionales–, quisiera hacerlo ahora, al final.

judas

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