Archivo de la etiqueta: Rafael Bernal

#Rafael Bernal :: El complot mongol

— Y últimamente, poco antes de morir, ¿se sabe en qué trabajaba Manrique?
— Tenía más dinero que de costumbre y se veía mucho con dos nuevos amigos.
— ¿Quiénes?
— A uno le dicen el Sapo. Es de su mismo estado y también trabajó allá en la policía. El otro, según dicen, es un gringo recién importado que vive en un hotel en la calle de Mina. Y, por cierto, al parecer se ha soltado una ola de crímenes. Anoche encontraron a cuatro hombres y una mujer en un cuarto de la calle de Guerrero.
— Sí.
— La deben haber matado poco después de que la dejamos.
— La dejé con usted, Licenciado.
El Licenciado tomó un sorbo de tequila, luego sonrió.
— Aunque los dos vivimos del crimen, Capi, en mi profesión hemos llegado al convencimiento de que matar a los posibles clientes no es tan solo poco ético, sino muy mal negocio. En cambio, Capi, en donde usted la gira, aún no han logrado llegar a esa conclusión.
— Se está mandando, Licenciado.
La voz de García no sonó dura, sino cansada. El Licenciado sonrió nuevamente.
— No se enoje, Capi. Era una broma. Salud.
— Salud…

#Rafael Bernal :: El complot mongol (1969)

Me gusta mucho –mucho– la literatura negra. Es un hecho: la literatura negra está en auge, hasta el punto de que hoy en día la consumen una buena cantidad de lectores que siempre la habían considerado un género menor. Supongo que es debido a tres de sus características diferenciales: es divertida, es sencilla, parece real.
En los tiempos que corren, si algo no entretiene, está condenado a la marginalidad. No es que me preocupe mucho en qué coordenadas me encuentro. Quiero decir, no entra dentro de mis afanes la necesidad de ocupar el centro del mundo, tampoco ser un tipo popular en mi trabajo o entre los vecinos. Por lo tanto, esta es la parte que menos me interesa de la novela negra.
En estos tiempos modernos donde la comodidad es una meta y la inmediatez es ley, no existe alternativa a la sencillez. Pero, en fin, he llegado a una edad en la que puedo mantener un cierto criterio personal sin sentir –en exceso– la presión social. Así que también puedo darle poca importancia a esta otra cualidad.
En este mundo virtual saturado de ilusiones a manera de redes sociales y web X.0 –perdón por esta personal contribución a la confusión–, la literatura negra se nos figura como una ventana desde la que podemos observar –libres de pecado, a salvo de la lluvia y el granizo– la realidad que persevera bajo todo ese juego de espejos. Esta ha sido, tal vez, la característica diferencial de este tipo de literatura y, acaso gracias a una de esas conjunciones astrales que se producen muy de cuando en cuando, la literatura negra mantiene esta condición. Por eliminación, esta es la parte que me atrae a este tipo de literatura.
Y, bueno, en El complot mongol no encontrarás asesinatos macabros, una trama sofisticada o unos personajes fascinantes. No están ahí porque son inventos modernos de los editores para fidelizar a la audiencia. Esta obra tiene unos años, es de aquella época en que la gente mantenía la capacidad de asombrarse ante lo cotidiano. Por contrario, se ajusta al canon clásico como un tapón a la botella de un buen vino. Es –no solo lo parece, lo es– real. Las otras dos características que mencionaba antes, la sencillez y la diversión, se originan a partir de esa cualidad. Es el orden correcto para hacer una buena historia.

el_complot_mongol

Etiquetado , , ,